miércoles, 4 de septiembre de 2013

Niños felices. Amor incondicional.



Niños felices. Amor incondicional.

Dos coletas bien tirantes , mofletes sonrosados, diminuta silla encarnada de la clase de párvulos,   mirada curiosa e inocente. Pili, escucha con atención a  la señorita  Rosario.

-Daría mi vida por mi hija.




Desconocemos la razón,  el orden o el concierto,  las  extrañas circunstancias que provocan  que ciertas palabras se graben  para la eternidad en nuestra enigmática memoria. Imágenes vanas y superfluas , adornan   la diapositiva en la que  escuchamos repetirse la grabación una y otra vez. Vestido granate ,  peinado de peluquería,  caderas prominentes,  ordenados dientes de cole de pago, la seño.

Pili no entendía nada. Ella  no se consideraba muy valiente. Trataba de imaginarse  eso de  entregar  su preciada vida.  En su cabeza , el vacío. Nada,  ni nadie eran merecedores de aquel descomunal sacrificio.

Aquel acertijo se cosió  a  Pili, igual que cosida va siempre nuestra sombra.   Buscó la respuesta, siempre buscando. En  su querida mamá, en su adorado padre,  en su inseparable prima, en  la primera gran amiga,  en el chico mono de su barrio,  en los poemas de su diario, en el amor platónico de la carpeta, en el novio del primer beso,  en  su primer gran amor, en su primer amante, en su  primer esposo, en su segundo… La respuesta no estaba allí.


¿Por qué daría yo la vida?  ¿Qué significado entrañaba esa simple cuestión? ¿Por qué  aún no había podido  completar esa casilla?

Se llamará Candela. Frívolamente y sin darle demasiada importancia seleccioné el nombre de mi amada hija. Imposible expresar con simples trazos, el significado de tener  un hijo. Ni lo intento.  Efectivamente la candela iluminó la respuesta y Pili al fin descansó en su pequeña sillita roja.

Tiempo atrás leí en un artículo sobre lo que se debía hacer para que un niño fuera  feliz. Entre uno  de los secretos para que un niño sea feliz,  que  indicaba el artículo estaba éste “ los peques deben sentir el amor incondicional”.

La pregunta sin respuesta sólo se puede contestar cuando logras sentir  por alguien estas dos sencillas  y complejas palabras. Noches en vela,  gritos de desesperación por su insistencia,  mamá cien veces al minuto,   agotada física y mentalmente , no había gastado tanta energía en nada a lo largo de toda mi vida.  Cuando pienso en ella,  brota una maravillosa sensación de mi pecho. Ella no hace nada para conseguirlo. Es así, no puede ser de otra manera.  No necesito que haga nada para merecerlo.

A través de ese sentimiento, he podido reconciliarme con  mi madre, cuando aún  insiste en que coma, cuando aún insiste en que llegue temprano a casa, cuando aún me regaña, cuando aún se enfada. Sé que ese sentimiento también le embarga por mí.

Hacérselo sentir a nuestros hijos no es difícil.  Es imposible dejar de sentir eso por ellos.  A ratos  y durante  los cincuenta momentos de crisis que vivimos en el día a día,  se nos olvida expresarlo.  Sólo es un olvido. Prometo que hoy se me olvidará menos…

4 comentarios:

  1. Q verdad tan grande y q bien definida!

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  2. Pero Pili!!! No sabía de esta faceta tuya... Es fantástica!!! Ahora bien... Debes continuar escribiendo. Es una obligación moral del que puede y sabe hacerlo. He descubierto una sensibilidad de escritora ahí... Así que, venga, dale....

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    1. Uhmmmm que gustito, muuuuchas gracias querida Isa.

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  3. Como cuando ves un color y le sonríes, no sabes por qué, a los colores no se les sonríe...a tus palabras tampoco pero lo haces....

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Muchas gracias por colaborar, cualquier comentario será bienvenido:

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